martes, 22 de julio de 2014

Pablo Palacio, precursor de la nueva novela

La obra narrativa de Pablo Palacio (Loja, 1906-Quito 1946) , ha comenzado a cobrar su verdadera dimensión innovadora y su valor histórica en el contexto de la literatura ecuatoriana e hispanoamericana, a partir de la fecha de su publicación de sus Obras Completas, hecho ocurrido en 1964.  La obra esencial de este autor se publicó entre 1926  y 1932, pero ha sido en las últimas décadas cuando ha ocupado la atención de los críticos y estudiosos que, al centrarse en las aportaciones de las vanguardias históricas en el plano narrativo, han tratado de recuperar también la obra de un autor a veces olvidado o ignorado fuera de su época.
Las causas del olvido o escasa atención que han merecido algunos autores y sus respectivas obras obedece a  diversas razones; en el caso de Pablo Palacio, como en el de otros escritores, su obra no se ajustaba a los
cánones literarios vigentes en su país y en su época, su carácter innovador y rupturista, lo situaban como un "raro" en el conjunto de una situación crítica y de una literatura dominada por la tendencia de carácter social y realista y, esencialmente, por la «novela de la tierra». Por otra parte, las ediciones nacionales, la escasa cantidad de ejemplares y su deficiente distribución hicieron que la obra ejemplar de Palacio, pasara durante mucho tiempo inadvertida fuera del contexto ecuatoriano. 

lunes, 7 de julio de 2014

UN HOMBRE MUERTO A PUNTAPIÉS

La narrativa de Pablo Palacio (Loja, Ecuador 1906-1947) representa un curioso momento de las vanguardias latinoamericanas. Desmarcada de la asfixiante tendencia al realismo social, la obra de Palacio, constituida apenas por un libro de relatos (Un hombre muerto a puntapiés) y dos novelas breves (Débora y Vida del ahorcado), es experimental e innovadora por cuanto introduce técnicas y procedimientos que ensanchan y profundizan la experiencia de lectura. La obra de Palacio está siendo revisada desde la crítica y la academia porque su discurso propone unas formas de lectura que la sitúan en el núcleo de preocupaciones de la Literatura Moderna y en el centro de interés de las más actuales teorías de recepción del texto literario.

La narrativa de Palacio es formalmente vanguardista porque pone en juego una serie de procedimientos (argumentales, tipográficos, estructurales, enunciativos/discursivos, léxicos, etc.) que rompen con las convenciones  literarias de la época, no solamente en el ámbito ecuatoriano, sino en el marco general de la lengua castellana.

El libro de Pablo Palacio del que nos ocupamos por su reciente edición en España a cargo de la editorial Veintisiete letras, titulado Un hombre muerto a puntapiés y editado originalmente en el año 1927, cuando el autor tenía veintiún años de edad, es un compendio de las preocupaciones esenciales del autor, que después de publicar sus dos novelas breves (1927 y 1932) acabaría sus días internado en un psiquiátrico. La crítica ha querido ver en esta circunstancia la explicación de las anomalías que introduce su narrativa en las convenciones del género, pero esa forma de proceder no solamente no explica la naturaleza de su escritura, sino que angosta la posibilidad de una interpretación cabal de la misma. La prosa de Pablo Palacio denuncia la esquizofrenia moral de la sociedad ecuatoriana de su tiempo, pero no es un reflejo de esa esquizofrenia: muy al contrario, su capacidad para parodiar estos “desequilibrios” es producto de una mente lúcida dispuesta a arriesgar formalmente. El riesgo y la experimentación de su escritura encuentran un cauce nuevo para la expresión literaria. 

“Después de leer los relatos de Pablo Palacio –escribe Francisco José López Alfonso en ‘El nihilismo en los cuentos de Un hombre muerto a puntapiés’-, resulta difícil renunciar a la ficción de un hombre que se pone a andar, presuroso, de un rincón a otro, que se detiene repentinamente como si fuera a decir algo importante; pero, tal vez creyendo que no va a escucharle o comprenderse, agita la cabeza y sigue andando. Sin embargo, el ansia de hablar se impone pronto a las demás consideraciones y da rienda suelta a la lengua. Su discurso es desordenado, febril, semejante al delirio, entrecortado y no siempre comprensible. Habla de la vileza humana, de la violencia que pisotea la razón y los sentimientos, de la perpetua soledad, de la presencia del dolor. Es en última instancia la representación de un popurrí de males que, aunque viejos, no han caducado todavía. No es extraño, entonces, que en la breve nota que abre una de las ediciones anteriormente de las llamadas Obras Completas (Bogotá, Oveja Negra, 1986) sea presentado con esta lapidaria oración: «Nació en Loja en 1906 y murió loco en 1947»; por no mencionar otros textos más extensos y menos anónimos. Lo perverso de esta ficción crítica radica en el desplazamiento del diagnóstico hecho por Palacio del individuo y su época al mismo Palacio; es decir, en la silenciosa desautorización del discurso para devolverle al mundo su aparente sosiego”. 

martes, 1 de julio de 2014

Un hombre muerto a puntapiés (Pablo Palacio)


Pablo Palacio

Biografía

De sus primeros años se cuenta que sufrió un accidente a orillas del río de la Chorrera del Pedestal. La anécdota que cuenta que esta caída le produjo 77 heridas en la cabeza, es una exageración que contribuye al mito. Cuando era todavía muy niño muere su madre. Su tío José Ángel Palacio se hizo cargo del pequeño niño. A los seis años ingreso en la Escuela de los Hermanos Cristianos. La inteligencia que demostraba Palacio alentó a su tío a pagar sus estudios medios y de los primeros años de Universidad. La secundaria la cursó en el Colegio Bernardo Baldivieso, en donde se distinguirla por ser uno de los mejores estudiantes.
En la revista del colegio publican su primer poema, Ojos Negros.
A los quince años (1921) recibe una mención por su autobiografía llamada El huerfanito. Durante su época de bachillerato leía libros de romanticismo y modernismo.
Luego de graduarse de bachiller se traslada a Quito, donde ingresa a la Universidad Central de Ecuador con un excelente promedio, lo que alentó a su tío a pagarle los estudios de Jurisprudencia para más tarde titularse de abogado.1 Durante su estadía en la ciudad capital, se convierte en poco tiempo en uno de los referentes del Partido Socialista Ecuatoriano.
Poco después de graduarse publica su libro Débora" y "Un hombre muerto a puntapiés.
Fue Decano de la Facultad de Filosofía y Letras, profesor de Literatura y Filosofía cuando era Ministro de Educación Benjamín Carrión, ejerció la Subsecretaría del ramo; y fue Segundo Secretario de la Asamblea Constituyente convocada por el General Alberto Enríquez Gallo. Además fue subsecretario del Ministerio de Educación.2
"Solo los locos experimentan hasta las glándulas de lo absurdo y están en el plano más alto de las categorías intelectuales", escribiría en uno de sus relatos. Solo los locos se esfuerzan por recuperar la lucidez desde la audacia. Mientras la generación de escritores del 30 se dedicaban al realismo social, a él se le ocurrió ser un adelantado a su época, indagar en la psicología del hombre, hablar de seres y casos mórbidos, de antropófagos sádicos o de siamesas celosas, de huerfanitos con miedo, de mujeres que miran las estrellas, de comedias cotidianas, pero inmortales. Por eso, su breve producción literaria, de apenas una década (1921-1932), sufrió hasta los años sesenta de hostilidad e incomprensión por temor, quizá, de que su "Treponema pálido" contagiara de atrevimiento a la literatura.
En 1932 escribió la novela subjetiva Vida del ahorcado.
Su producción literaria se condensa en cuatro libros: "Un hombre muerto a puntapiés" (libro de cuentos editado por primera vez en enero de 1927), "Débora" (novela publicada en noviembre de ese mismo año), "Comedia inmortal" y "Vida del ahorcado" (1932). Sin embargo, hay que anotar que una primera novela de Palacio obtuvo el primer premio en un concurso en su provincia, "Ojeras de la Virgen", que ha permanecido inédita y cuyo original parece haberse perdido.
A partir de 1936 su inteligencia se ve menguada tempranamente por una exquisita locura que se trasluce en su obra.2
En 1940 se internó en el manicomio "Lorenzo Ponce" de Guayaquil.
Su locura se transformó en una de las grandes coartadas de los críticos que lo acallaron y se burlaron de él; pero Palacio escribió todos sus textos cuando estaba cuerdo, detalle que suele ser ignorado por quienes lo critican.1

Fallecimiento

Afectado por esta irreversible enfermedad, murió en Guayaquil, el 7 de enero de 1947, en el manicomio "Lorenzo Ponce", a la edad de 40 años.

Matrimonio

Se casó en 1937, después de un largo enamoramiento, con la destacada artista Carmen Palacios Cevallos.

Evaluación de su obra y legado

El crítico peruano José Miguel Oviedo afirma:
"En la literatura ecuatoriana de su época, dominada por la llamada "generación del 30" (Jorge IcazaDemetrio Aguilera Malta y otros), que implantó el canon social-realista, el tema indigenista y el fervoroso alegato ideológico como las características —algo monótonas— de la narrativa nacional, la brevísima obra de Pablo Palacio es una incómoda y discordante excepción. Esa cualidad singular e inasimilable de su producción condujo a una serie de malentendidos y confusiones que contribuyeron a oscurecer su aporte, que sólo en las dos últimas décadas ha empezado a revaluarse seriamente: todavía estamos descubriendo a Palacio, mientras, paradójicamente, muchos de los "realistas" de su tiempo pasan al olvido."

jueves, 29 de mayo de 2014

OBRAS DE PABLO PALACIO


NOVELAS
Un nuevo caso de mariage en trois —se dio a conocer como parte de la novela Ojeras de virgen cuyos originales se extraviaron— (Quito, 1925).
Débora (Quito, 1927).
Vida del ahorcado —novela subjetiva— (Quito, 1932).

CUENTOS
El huerfanito (Loja, 1921).
El antropófago (Quito, 1926).
Luz lateral (Quito, 1926).
Brujerías (Quito, 1926).
Un hombre muerto a puntapiés (Quito, 1927).
Las mujeres miran las estrellas (Quito, 1927).
La doble y única mujer (Quito, 1927).
El Cuento (Quito, 1927).
Señora (Quito, 1927).
Relato de la muy sensible desgracia acaecida en la persona del joven Z (Quito, 1927); Una mujer y luego pollo frito (Quito, 1929).
Cuentos hispanoamericanos, Ecuador (1992);  

OTRAS OBRAS
 
 
Antología del relato ecuatoriano (Quito, 1973).
El cuento actual latinoamericano (México, 1973).
Antología del cuento ecuatoriano (Lima, 1974).
Selección de cuentistas lojanos (Loja, 1979).
Así en la tierra como en los sueños (Quito, 1991).
Antología crítica del cuento hispanoamericano del siglo XX.
Fundadores innovadores (Madrid, 1992).
Cuento contigo (Guayaquil, 1993).
Cuentos escogidos del Ecuador (Quito, 1995).
Veintiún cuentistas ecuatorianos (Quito, 1996).
El cuento hispanoamericano en el siglo XX (Madrid, 1997).
Antología básica del cuento ecuatoriano (Quito, 1998).
Cuento ecuatoriano contemporáneo (México, 2001).